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Archivo mensual: julio 2012

Objetos y soledades (o exageraciones)

Publicado en

(“La venta finaliza hoy” stencil de BANSKY)

Objetos y soledades (o exageraciones)

 

“Me pego un tiro con una palabra,
Que alguna vez me  fue tan transparente(…)
Voy hacia el fuego como la mariposa
Y no hay rima que rime con vivir”
(El témpano, Adrian Abonizio)

 

“Como si hubiera donde hacerse fuerte (…)
como si alguien de veras me quisiera,
(Como un dolor de muelas, Subcomandante Marcos/Sabina)

 

Tengo todos los síndromes juntitos. Los habidos y por haber. Esto es una desgracia continua, una fatuidad perpetua que navega en una nada, un vacío adentro de otro, un robo a mano armada de las letras y de los infortunios.

Meto la mano en la lata. Meto el pescuezo en un pozo. Me hundo en un río de gusanos y de víboras, almuerzo el vómito de los más desprotegidos. Cómo si alguien en el mundo pudiera vivir  desangelado en serio, seco por dentro.

Meto marcha atrás, pero voy indefectiblemente hacia adelante. Sin poder contenerme, pero sin dejar de sufrir. ¿Quedan balas en la recámara del tiempo? ¿Se puede uno suicidar con una palabra, por más que ayer que haya resultado “tan transparente?. ¿Y si no hubiera fuego, y si no hubiera mariposa, y si no hubiera mariposa que vaya hacia el fuego? ¿Y si no hubiera nada más que la agridulce sensación en el estómago de estar muriendo de a poco y de tristeza? ¿Y si ayer fuera peor que mañana y que pasado y que traspasado? ¿Y si no hubiera dónde hacerse grande, ni fuerte, ni alguien que de veras me quisiera? ¿Y si sólo existieran preguntas en el aire, en una mente, en un putrefacto artefacto de sentidos, en un cuerpo desnudo y estaqueado azotado por el frío y por el viento? ¿Y si pudiera parar de dudar o de no-sentir, o de sentir demasiado?¿Y si esto no fuera más que el largo capricho del insomnio, o de una bonita resistencia ante el crudo carnaval de máquinas al unísono trabajando y trabajando, cobrando un sueldo detrás de otro, bien ordenaditos, perfectamente programados, para ir a consumir y devorar, a mal gastar y bien gastar, a juguetear en la cuerda floja del ahorro y del despilfarro, a caminar por la cornisa del debe y el haber, de la vana acumulación de objetos y soledades?

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El amor después del amor (1992) de Fito Páez para descargar

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DESCARGAR: 

https://mega.co.nz/#F!IIk2EI7C!0tgClMPsXbTaA_gv2L-vwg

 

A los 29 años Fito Páez edita “El amor después del amor”: el mundo se rindió a sus pies.
Corría 1992 y el menemismo ya se había instalado cómodamente en la butaca del poder político argentino, sembrando privatizaciones y cosechando escándalos de megacorrupción que durarían –por lo menos- siete años más.
Fito había vuelto al país un año antes, sin un peso y urgido por el inesperado éxito que había tenido “Tercer mundo” (1990), su disco anterior. Que ya desde su título contenía una declaración de principios acerca de lo que el muchacho rosarino pensaba sobre el debate público acerca de si Argentina había entrado o no al “primer mundo”, slogan favorito de Menem y del séquito de delincuentes que lo acompañaban.
¿Qué paso entre Tercer mundo y El amor después del amor en la vida de Páez?
La leyenda es tan bonita que sobrepasa a los protagonistas de la historia. En una fiesta de disfraces en José Ignacio (Punta del Este), los planetas se alinean “los astros se rieron otra vez”, los corazones se encuentran él “no buscaba a nadie” y la ve: Fito conoce a Cecilia Roth y se enamoran. Ella “tenía un vestido y un amor”, estaba casada, pero eso no fue impedimento para que ocho meses más tarde –ya divorciada- empezara con el músico una relación pública.
Y bajo el pulso de un amor tan irreal como mágico, Fito se resetea y vuelve a inventarse a sí mismo. Dirá al respecto el periodista Alfredo Rosso “Hay que tener agallas para reinventarse y hay que tener talento, no cualquiera se reinventa”.
En las playas uruguayas Páez escribe las canciones del Amor después del amor y desde ahí, ya ni su mundo, ni el mundo en sí serían de nuevo lo mismo.
El amor después del amor, tal vez, se parezca a este rayo de sol. Nadie puede y nadie debe vivir sin amor. Dos días en la vida nunca vienen nada mal/de alguna forma de eso se trata vivir. ¿Sabías, tu chico vio MTV? los militares odian esas almas y yo las quiero para mí Lo soñé o lo viví. Ella deshizo valijas, prendió un cigarrillo y bajo a la ciudad. Todas las vidas cayeron al mar/y es tan suave verlas y el sudor de Cristo dibujado sobre un manto. Yo también perdí quimeras pero me hice buen voyeur. Furioso pétalo de sal la misma calle el mismo bar. Y no es tan trágico mi amor, es este sueño es este sol que ayer pareció tan extraño. No sé si eras un ángel o un rubí o simplemente te vi. Todo lo que diga está de más las luces siempre encienden en el alma. Tu amor abrió una herida porque todo lo que te hace bien siempre te hace mal/ tu amor cambió mi vida como un rayo para siempre, para lo que fue y será. Después vinieron días de misterio y frío, casi como todos los demás/lo bueno que tenemos dentro es un brillante, es una luz que no dejar‚ escapar jamás. Y él, el ángel de la soledad, protege, lava y cura este mal el no me abandonara. Creo que aun tal vez piensas en mi creo poder captarlo/entonces sentí la cima del amor y si me caí no importa porque todo todo todo todo esto es de los dos. Gota que cae sobre el cielo, no besa el suelo, lluvia que cae del cielo, y yo la bebo/ todo resulto un juego, que quita el miedo/ y yo que andaba ciego cayo el cielo y no beso el suelo. Todo lo que hicimos la mentira y la verdad todo lo que hicimos sigue vivo en un lugar. Hay un acuerdo de brujas en Gibraltar que “todo amor perpetuo deberás matar”. Hay recuerdos que no voy a borrar, personas que no voy a olvidar, silencios que prefiero callar prefiero que sigamos mi amor presos de este sol. Dejar, amar, llorar el tiempo nos ayuda a olvidar/ el tiempo es un efecto fugaz/ hay secretos en el fondo del mar, personas que me quiero llevar, aromas que no quiero olvidar,silencios que prefiero callar, mientras vos jugas. Si un corazón triste pudo ver la luz, si hice más liviano el peso tu cruz.

El legado cultural de Fito Páez es innegable, su poesía siempre pronta a despertarnos aquello evidente o que habíamos olvidado. El amor como una armadura siempre válida ante la tragedia de los mundos personales o exteriores. Y su arte, duradero a través de las décadas, sus “joyas” de los ´80 y su arte como respuesta y válvula de escape ante la fatalidad innegable que cada vida tiene.
Para la posteridad quedarán datos, como que El Amor después del amor contiene las siguientes 14 canciones:
1. El Amor Después del Amor (5:10)
2. Dos Días en la Vida (3:32)
3. La Verónica (5:55)
4. Tráfico Por Katmandú (4:20)
5. Pétalo de Sal (2:43)
6. Sasha, Sissí y el Círculo de Baba (4:33)
7. Un Vestido y Un Amor (3:18)
8. Tumbas de la Gloria (4:33)
9. La Rueda Mágica (3:54)
10. Creo (4:43)
11. Detrás del Muro de los Lamentos (4:30)
12. Balada de Donna Helena (6:05)
13. Brillante Sobre el Mic (4:08)
14. A Rodar Mi Vida (4:44)
Que la placa vendió 750 mil copias y se convirtió en el disco más vendido de la historia del rock argentino. Que en 1993, los diarios Clarín y Página/12 lo catalogaron a Páez como «mejor solista» del año y que en el estadio Vélez Sarfield hizo un show a beneficio de UNICEF, entidad a la que el músico le donó 500 mil dólares.
Esos son los números fríos, las cifras para inflar egos o los reconocimientos de que algo estaba pasando con ese fenómeno.
Pero la historia no se agota en esas circunstancias, las canciones perduran, se defienden por sí mismas, son coreadas por las tribunas futboleras o llevadas como estandartes por adolescentes enamorados. Quedaron diseminadas para siempre en el inconsciente colectivo
Ya pasaron 20 años desde su lanzamiento. Ahora Fito Páez vuelve a presentarlo nuevamente y girar con él bajo el brazo: como un bebé recién nacido. Pero esta información es apenas un dato periodístico, una frutilla en la torta, sólo una parte de la crónica.

Agónico exquisito (o el cadáver que no quería morir). [cadaver exquisito]

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Pintura: “Se encontraron en la punta de sus confusiones” de Felipe Giménez

 

Agónico exquisito (o el cadáver que no quería morir)

Quiso venir, quiso llegar, “curado de espanto”, tentando a las vicuñas, a los soles, a los dioses. Almibarando su cerrado corazón, con un recuerdo bonito, con un beso que se fugó.
Las cosas que se fugan, evaden la urgencia de detener el tiempo en un acto infinito, imperecedero y paradójicamente, aún en la mayúscula evasión, dejan una estela imperceptible que conduce a todo buen caminante por un desfiladero del que nunca se yerra si se quiere alcanzar la nostalgia.
Una estela invisible, como una huella en la arena, como el cajón multicolor de los recuerdos, que abierto de par en par hace que se escapen de sus veteadas paredes marrones: barriletes andariegos, poesías soñadas que jamás se escribirán, suspiros al aire de adolescentes enamorados, la loca risa juvenil de vivir tropezando sin dar explicaciones, alimentada por su propio tropiezo y por su propia falta de explicaciones.
Cuando se sana del espanto, alguna cosa recobra algún sentido. Amanecer, por ejemplo. El hálito humeante al contacto con el aire helado, la bocanada de vapor, nos revela de pronto, lo lúdico. Una taza de café caliente alcanza una magnificencia inexplicable, su olor puede incluso emocionarnos. Un día de viento regala la excusa para carretear un barrilete y entonces, tal vez, se vuelve a tropezar uno con la risa.
Breve artilugio del lenguaje: sin razón a secas, razón a secas, la boca seca. Hálito, humeante, helado. Vapor, café, viento, barrilete, risa. Gusto a frutilla, un pullover con un olor suave: mezcla de tabaco (de la noche anterior) y de perfume. Sentidos, sonidos, latidos. -¿Veo veo?-¿qué ves?-una cosa-¿qué cosa?-maravillosa -¿de qué color?-color…color…violeta
Jugar. Tan solo eso. Volver a jugar, o jugarse, a perder o ganar. Tener ganas, canjear figuritas repetidas por nuevas, dar de comer a los peces, a las palomas, a las hadas, saltar los charcos, pisar todas las hojas secas de la vereda, dibujar, dibujar letras, garabatear, escribir, delirar, volver a escucharnos reír.
Tiempo. Tiempo de volver o de cosechar, tiempo de alabanzas o de implorantes rezos. Tiempo en que la lluvia besa los trigales, tiempo de inundación y de represalias. Tiempo sin tiempo. Acorazado tiempo. Tiempo de vaivenes y de calmas supremas. Tiempo sin relojes. O sin relojes de arena. O sin arena. Estrujante tiempo. Divino tiempo. Soberbio tiempo.
Desanestesiarse. Lo aséptico, lo analgésico, lo anestésico, lo esterilizado, lo inmaculado, lo impoluto. Lo escéptico, lo incrédulo, lo medroso, lo escrupuloso. Vaciarse. Quitarse estos ropajes, poner en piel, lo que en el mundo existe, sentir. Sentir a tiempo.
Lo socrático. Lo retórico. Lo retorcido. Lo siniestro. Lo ominoso. Lo simple, lo llano, lo sencillo. El amor como una palabra más, como una estructura vacía de sentido. EL AMOR rompiendo toda estructura del lenguaje, desarticulando las arterias, los verbos, los racimos, los versos, las angustias. Escandalizando al universo. Volviéndolo habitable.
Encontrar un lugar habitable. Habitarlo. Haber lamido suficientemente cada herida, sin ocultar la piel al sol.
Fatiga de vivir soñando. De encontrarme y de perderme. De encontrarse y de perderse. Que la madrugada no tenga horas. Ni principio, ni final. Que sea por una vez en la vida: un diminuto rayo de sol que alimenta el alma.
Lo esencial, realmente solo es “visible” para aquel que asume ir más allá de lo aparente, para el que corre el velo, para quien está advertido de su ceguera, y la deja caer.
Un velo que cae: una ingenuidad que se pierde. Una apariencia que se dibuja en una taza de té de limón. Trepar, trepar terrazas, “trepar radares militares”; trepar cicatrices y peces. Trepar cinturas, trepar al cielo intentando abrazarlo. Luego, enmudecerse, sintiendo el viento en la cara.

Y el viento sopló. Y arrebató a su paso todas las hojas
y los peces… y los velos.
Lejos sopló.
Fuerte, sopló.
Acaso se llevó sin saberlo,
de viaje,
al alma.
Derrumbe desde el la azotea más alta.
Rastreo en los zócalos y en las baldosas,
De las migajas, de los restos, del más
Milimétrico rasgo de lo que se ha sido.
Buscar, merodear las esquinas, viejos bares, almacenes, puertos, estaciones de tren, baldíos. Olores en el aire, en un viejo saco, restos en los bolsillos. Revisar dentro de libros, en los cajones, debajo de la cama. Bajo el felpudo donde duerme el gato.
Entre las fotos. En las enciclopedias, entre expedientes, entre las boletas de impuestos. En el canasto de la ropa, en la heladera, en el agujero en la madera de la mesa, en el espejo. En el fondo de la caja de Pandora.
Y no hallar. Que los peces se escapen de las manos, que las respuestas no contesten lo que preguntamos. Mirar para arriba y que un grandísimo signo de ? esté sosteniendo el universo. “Restregarse con arena el paladar”, como en un tango fatal, como en un tango bailado en solitario y sin partenaire. Y, ahí, justo en esa desdicha y en esa desazón: que el trino tonto del gorrión vuelva, para iluminarnos, para darle risa a la risa, vida a la vida.

[cadaver exquisito con DLR]