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Archivo de la etiqueta: Literatura

John Kirk. Dalmiro Saénz. Setenta veces siete. PDF

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DALMIRO

El actual cuento que comparto, del escritor argentino Dalmiro Saénz, pertenece a la 11° edición del libro Setenta veces siete (1972). Que tuvo su primera publicación en diciembre de 1957.

John Kirk es el primero de los cuentos del libro y está escaneado desde el original. Si bien para los exquisitos de los detalles puede no ser del todo agradable, se deja leer.

Si a alguien le interesa alguno del resto de los cuentos, hágamelo saber y lo estaré subiendo. Bájenlo por internet explorer con alguna cuenta asociada, porque google crhome les puede tirar un error de seguridad. Más allá de que el archivo no está infectado

http://www.4shared.com/office/002tOx_Fce/CONTRAPORTADA_70_DALMIRO.html

 

 

La Palabra del silencio

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la-virgen-maria-3197

Y el silencio

Como toda

Voz sonora,

Como todo grito

Desgarrador,

Descomunal,

Ensordecedor.

 

Y el silencio,

Como toda palabra

Guardada en el corazón

(Humildemente

Meditada).

 

Y el silencio,

Del amor,

Colándose

Por cada pequeña

Rendija,

Que hayamos

Dejado sin cerrar.

 

Y el silencio,

Como toda

Sabiduría esencial,

Infinita.

 

 Y el silencio

Observante de cada

Cortejo de pájaros,

Contemplante:

De cada acto de amor natural

Sobre la faz del universo.

 

Y el silencio

De Dios,

Que se hace abrazo,

Presencia,

Carne

Y Palabra.

 

Resurrecciones

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C

“Pronto verán: Resurrecciones en el mundo”
(Dos edificios dorados, letra de David Lebón)

 

Resurrecciones

 

Si atrás de cada tormenta

Se escondía un río de sonrisas.

Si atrás de cada traición,

Se abrían mil inesperadas

Puertas floridas.

 

Si atrás de lo agónico,

Se hallaba la felicidad,

El encuentro,

Lo mágico, lo misterioso,

Lo único, lo duradero

Y lo perfecto.

 

Si apenas, dos pasos,

Más adelante en el tiempo,

Aguardaban la dicha

Y el encanto,

Lo sublime y lo bonito.

 

Si el dolor era una excusa,

Para que la plenitud

Sea completa

De a de veras,

Majestuosa y triunfal.

Altanera, prepotente

Y elegante.

 
 

Si cada Pascua,

Y cada crucifixión,

Eran la irracional desazón,

De no comprender,

Que después de ellas,

Vendría la más hermosa

De las resurrecciones.

Dos días en un día

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Dos días en un día

Cuesta arriba o cuesta abajo. La cuesta cuesta. Y ¡ay! Si me pesan los pies y los engranajes granujas de este reloj. Que todo lo sepulta y atraganta, que todo lo regula y lo aguarda, que todo lo maneja a su capricho o antojo.
¿Y mis teorías acerca de la nada? ¿Y mis teorías acerca de los “algos”? ¿Y mi insensatez? Tan inquebrantable y persistente.
Hoy sería mejor conseguir un montículo de hojas secas de otoño y bajo su cobijo dormir con los amigos de la infancia –en la infancia-. Que Dios trampee un poco el tiempo y nos meta de nuevo en la niñez, en la inocencia, en el conocimiento sólo de la bondad. Y así, en un pasto amarillento de inmensos terrenos baldíos de un pueblo perdido, taparnos el cuerpo con hojas otoñales, dejando solamente afuera la cabeza para poder contemplar el cielo y las viajantes nubes que por él pasean. Haciendo una frazada de hojas, que nos una, que nos alivie, que nos haga soñar una y otra vez con aquello que seremos en el futuro. Soñar con ser grandes, soñar con ser libres, proyectar para adelante un horizonte de bienaventuranza. Soñar con soñar.
¿Hay algo más dulce aquí y ahora que el recuerdo de atardeceres interminables, donde el tiempo parecía no transcurrir jamás, donde la felicidad se resumía en charlar con los amigos, en la amistad charlada? Donde nubes dibujaban cosas, donde cosas eran dibujadas por nosotros en el rastro de las nubes. Donde los mismos terrenos podían convertirse en un potrero, en una cama gigante o en el perfecto lugar para remontar barriletes.
Cuesta arriba o cuesta abajo. Cuesta. Escalar cuesta. Descender cuesta. Cuesta la cuesta. -¿Cuánto cuesta? -¿Es barato?, “deme dos”.
Cuesta arriba o cuesta abajo. Votar cuesta. Pensar cuesta. Democratizar cuesta. ¿Cuánto cuestan las encuestas? ¿Encuestar cuesta? ¿Cuesta arriba o cuesta abajo?
[5:23 p.m. 21 de septiembre de 2012]

 

Hablar por teléfono con un amigo al que –pareciera- que hace años luz que no veo. Faltar a trabajar y que nadie se entere. Excepto vos y tu conciencia. Y que tu conciencia te martirice por ello. Y tu conciencia que no se jacta para nada del hecho. Ese es un principio del resumen de este comienzo del día de primavera.
¿Después? Después fútbol: ir desanimado, pero que el mundo nos sonría, nos muestre su cara amable, nos salude con amor, con alegría. Los mismos pases de gol que tus compañeros nunca te dan, hoy te los dieron y llenaste el arco contrario de una cantidad que se volvió innumerable. Es raro. La vida es rara. No he perdido mi capacidad de sorpresa, apenas la de adaptación a algunos medios (ambientes).
Emprender un viaje a ninguna parte. ¿A ver adónde me lleva?
Aterrizo, escarbando en multiplicidad de carpetas de música, pongo el Marque Moon de Television. Banda de los ´70 a la que recurro cuando pasa algo como esto. ¿Qué es esto? Esta soledad, esta inmediatez con la nada. Con los barrotes de viejas brujerías desechas. Con la pasión erosionada por escribir, por describir ciertos estados del alma.
Pollo en la Essen. Huevos hervidos + tomates (no verdes, no fritos) + arvejas + zanahoria. Y yo sin hambre. Con un tinto que huele a calambre, a esperanza, a pronunciaciones fantasmagóricas y atorrantes.
¿Y “mi” gato? ¿Desde cuándo me empezó a preocupar su ausencia, siempre tan anunciada? ¿Y a partir de cuando creía que era “mío”? Nada me pertenece. Ni la sílaba más pequeña. Ni este relato, que se convierte –cada vez más- en algo errático y confuso, en pura catarsis o expulsión demoníaca. Pero cierto que las palabras confunden. Y lo verdadero es que lo bonito es el silencio. Este silencio.
                                                                                 [11:16 p.m. 21 de septiembre de 2012]

Yo fui masón de Maurice Callet en pdf (castellano)

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Descarga en pdfCaillet Maurice – Yo Fui Mason

 

Agónico exquisito (o el cadáver que no quería morir). [cadaver exquisito]

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Pintura: “Se encontraron en la punta de sus confusiones” de Felipe Giménez

 

Agónico exquisito (o el cadáver que no quería morir)

Quiso venir, quiso llegar, “curado de espanto”, tentando a las vicuñas, a los soles, a los dioses. Almibarando su cerrado corazón, con un recuerdo bonito, con un beso que se fugó.
Las cosas que se fugan, evaden la urgencia de detener el tiempo en un acto infinito, imperecedero y paradójicamente, aún en la mayúscula evasión, dejan una estela imperceptible que conduce a todo buen caminante por un desfiladero del que nunca se yerra si se quiere alcanzar la nostalgia.
Una estela invisible, como una huella en la arena, como el cajón multicolor de los recuerdos, que abierto de par en par hace que se escapen de sus veteadas paredes marrones: barriletes andariegos, poesías soñadas que jamás se escribirán, suspiros al aire de adolescentes enamorados, la loca risa juvenil de vivir tropezando sin dar explicaciones, alimentada por su propio tropiezo y por su propia falta de explicaciones.
Cuando se sana del espanto, alguna cosa recobra algún sentido. Amanecer, por ejemplo. El hálito humeante al contacto con el aire helado, la bocanada de vapor, nos revela de pronto, lo lúdico. Una taza de café caliente alcanza una magnificencia inexplicable, su olor puede incluso emocionarnos. Un día de viento regala la excusa para carretear un barrilete y entonces, tal vez, se vuelve a tropezar uno con la risa.
Breve artilugio del lenguaje: sin razón a secas, razón a secas, la boca seca. Hálito, humeante, helado. Vapor, café, viento, barrilete, risa. Gusto a frutilla, un pullover con un olor suave: mezcla de tabaco (de la noche anterior) y de perfume. Sentidos, sonidos, latidos. -¿Veo veo?-¿qué ves?-una cosa-¿qué cosa?-maravillosa -¿de qué color?-color…color…violeta
Jugar. Tan solo eso. Volver a jugar, o jugarse, a perder o ganar. Tener ganas, canjear figuritas repetidas por nuevas, dar de comer a los peces, a las palomas, a las hadas, saltar los charcos, pisar todas las hojas secas de la vereda, dibujar, dibujar letras, garabatear, escribir, delirar, volver a escucharnos reír.
Tiempo. Tiempo de volver o de cosechar, tiempo de alabanzas o de implorantes rezos. Tiempo en que la lluvia besa los trigales, tiempo de inundación y de represalias. Tiempo sin tiempo. Acorazado tiempo. Tiempo de vaivenes y de calmas supremas. Tiempo sin relojes. O sin relojes de arena. O sin arena. Estrujante tiempo. Divino tiempo. Soberbio tiempo.
Desanestesiarse. Lo aséptico, lo analgésico, lo anestésico, lo esterilizado, lo inmaculado, lo impoluto. Lo escéptico, lo incrédulo, lo medroso, lo escrupuloso. Vaciarse. Quitarse estos ropajes, poner en piel, lo que en el mundo existe, sentir. Sentir a tiempo.
Lo socrático. Lo retórico. Lo retorcido. Lo siniestro. Lo ominoso. Lo simple, lo llano, lo sencillo. El amor como una palabra más, como una estructura vacía de sentido. EL AMOR rompiendo toda estructura del lenguaje, desarticulando las arterias, los verbos, los racimos, los versos, las angustias. Escandalizando al universo. Volviéndolo habitable.
Encontrar un lugar habitable. Habitarlo. Haber lamido suficientemente cada herida, sin ocultar la piel al sol.
Fatiga de vivir soñando. De encontrarme y de perderme. De encontrarse y de perderse. Que la madrugada no tenga horas. Ni principio, ni final. Que sea por una vez en la vida: un diminuto rayo de sol que alimenta el alma.
Lo esencial, realmente solo es “visible” para aquel que asume ir más allá de lo aparente, para el que corre el velo, para quien está advertido de su ceguera, y la deja caer.
Un velo que cae: una ingenuidad que se pierde. Una apariencia que se dibuja en una taza de té de limón. Trepar, trepar terrazas, “trepar radares militares”; trepar cicatrices y peces. Trepar cinturas, trepar al cielo intentando abrazarlo. Luego, enmudecerse, sintiendo el viento en la cara.

Y el viento sopló. Y arrebató a su paso todas las hojas
y los peces… y los velos.
Lejos sopló.
Fuerte, sopló.
Acaso se llevó sin saberlo,
de viaje,
al alma.
Derrumbe desde el la azotea más alta.
Rastreo en los zócalos y en las baldosas,
De las migajas, de los restos, del más
Milimétrico rasgo de lo que se ha sido.
Buscar, merodear las esquinas, viejos bares, almacenes, puertos, estaciones de tren, baldíos. Olores en el aire, en un viejo saco, restos en los bolsillos. Revisar dentro de libros, en los cajones, debajo de la cama. Bajo el felpudo donde duerme el gato.
Entre las fotos. En las enciclopedias, entre expedientes, entre las boletas de impuestos. En el canasto de la ropa, en la heladera, en el agujero en la madera de la mesa, en el espejo. En el fondo de la caja de Pandora.
Y no hallar. Que los peces se escapen de las manos, que las respuestas no contesten lo que preguntamos. Mirar para arriba y que un grandísimo signo de ? esté sosteniendo el universo. “Restregarse con arena el paladar”, como en un tango fatal, como en un tango bailado en solitario y sin partenaire. Y, ahí, justo en esa desdicha y en esa desazón: que el trino tonto del gorrión vuelva, para iluminarnos, para darle risa a la risa, vida a la vida.

[cadaver exquisito con DLR]

Werner

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WERNER

 Werner era ignorante, inmoral, morboso, sórdido, mentiroso, feo, malpensado, sucio, execrable, pervertido, impuntual, lujurioso, porfiado, haragán, egoísta, académico, desordenado, inhábil, detestable, mezquino, huraño, holgazán, intrigante, creído, lascivo, desatento, inmundo, culturoso, avaro, soberbio, presuntuoso, insensato, trasnochador, malviviente, vanidoso, antipático, demasiado pagado de sí mismo, torpe, desconfiado, tramposo, estafador, avieso, desabrido, irascible, fatuo, obstinado, vicioso, displicente, mugriento, abstruso, depravado, cruel, chismoso, grosero, despiadado, soez, intrigante, presumido, testarudo, perverso, descarado, tacaño, glotón, vago, informal, quisquilloso, intratable, engreído, malicioso, suspicaz, malcriado, necio, entrometido, jactancioso, fullero, senil, descortés, atolondrado, fanfarrón, insufrible, terco, desleal, inmaduro, ruin, maleducado, simplón, incapaz, desvergonzado, pérfido, fluctuante, cargoso, lerdo, rústico, descocado, receloso, esquivo, hostil, atropellado, enredador, infame, adulador y malhablado. Es una suerte, hija, que no te hayas casado con él.

 

Leo Maslíah

Extraído de La Tortuga y otros Cuentos