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John Kirk. Dalmiro Saénz. Setenta veces siete. PDF

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DALMIRO

El actual cuento que comparto, del escritor argentino Dalmiro Saénz, pertenece a la 11° edición del libro Setenta veces siete (1972). Que tuvo su primera publicación en diciembre de 1957.

John Kirk es el primero de los cuentos del libro y está escaneado desde el original. Si bien para los exquisitos de los detalles puede no ser del todo agradable, se deja leer.

Si a alguien le interesa alguno del resto de los cuentos, hágamelo saber y lo estaré subiendo. Bájenlo por internet explorer con alguna cuenta asociada, porque google crhome les puede tirar un error de seguridad. Más allá de que el archivo no está infectado

http://www.4shared.com/office/002tOx_Fce/CONTRAPORTADA_70_DALMIRO.html

 

 

Yo fui masón de Maurice Callet en pdf (castellano)

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Descarga en pdfCaillet Maurice – Yo Fui Mason

 

El día que mataron a Alfonsín (1986) de Dalmiro Sáenz y Sergio Joselovsky en pdf

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El día que mataton a Alfonsín en pdf sáenz, dalmiro & joselovsky, sergio – el día que mataron a alfonsín [pdf]

Radiografía de la Argentina, hay quienes leyeron en este libro: circunstancias políticas o imaginarios populares sólo de los ’80.

La vigencia y la raigambre que tiene “El día que mataron a Alfonsín” con nuestro ser nacional, se ve sustentada con los guiños constantes a otras obras de literatura política argentina (“Como diría Soriano, Garlopa nunca debe haberse metido en política, siempre fue peronista nomás”. En referencia a “No habrá más penas ni olvido” de Osvaldo Soriano), con la precisión con que detalla las mesas de negociaciones en que se cuecen habas y con la exactitud en que enmarca nombres y hechos (Coty Nosiglia, Chacho Alvarez, Neustad y Grondona, Pablo Giussani, Emilio de Ipola, Juan Carlos Portantiero y un larguísimo etcétera)

Pero el aroma de la fotografía es más fuerte que eso: nos mete de lleno en la neurotización de que los servicios públicos funcionen detestablemente mal, un ENTEL que irrita hasta el hartazgo ante una llamada que debe realizarse y se convierte en una cuestión–literalmente- de vida o muerte.

Nos traslada a que temas tan cotidianos como la inflación, la corrida tras el dólar (bien orquestada por grupos financieros desestabilizadores) o a las madres de Plaza de Mayo.

Visionariamente soslaya a la computación como un elemento fundamental dentro de los centros de información y su determinante papel en el accionar político.

Arranca como un “novela todoterreno” dispuesta a comerse al mundo, con una versatilidad, dinámica y agilidad, que hacen que las hojas sean atrapantes, intrigantes, envolventes.

Promediando los tres cuartos de libro, el pico descendente se hace evidente, y el juego literario, hasta entonces prodigiosa y equilibradamente, llevado a cabo en tres escenarios que constantemente interactúan, es devorado sólo por la parte política.

El final es épico, pero el vilo hasta que las últimas líneas se suceden ya no es constante, es un golpe certero y a la mandíbula. Pero el súmmum del show había ocurrido dos rounds atrás.

“El día que mataron a Alfonsín” deja increíbles momentos lúcidos, hermosas pinceladas de amor al arte, construcciones entre dimensiones culturales atrozmente en pugna y que fatalmente se necesitan. Algunos extractos:

“Garlopa se levanta, lo mira un rato. El hombre pretendió imprimir a sus facciones una energía que jamás había poseído pero su labio inferior lo traiciona, un temblequeo ingobernable aparece en su boca. Es abogado. Alguna vez en su estudio o en los tribunales ha tenido que enfrentar las ideas de otros hombres. En el mundo de las ideas es un hombre fuerte; también para los negocios tiene fama de duro, pero las reglas de juego en este momento eran otras y su labio continuaba temblando; sentía también la camisa empapada de transpiración”

 “No fingían, realmente estaban conversando. Hablaron después de fútbol, de un número que hacía meses que no salía en la quiniela y de otras cosas mientras se turnaban para golpearlo. Descansaban cada tanto y después continuaban. Garlopa fingió un desmayo y ellos fingieron creerle, porque los dos estaban cansados.”

 “Vos no tolerás la fealdad, sos como yo, no tenés moral, no creés en lo malo, creés en lo feo.

 — Sí.

 — No toleras a los normales; la normalidad para vos es mediocridad. Estás más cerca de los Garlopas que del contador de tu empresa.”

“— Después de los catorce nunca.

 — ¿A los catorce fue la última vez?

— Sí. Una noche te fuiste a bañar desnuda en la pileta. Te miré desde la ventana de mi cuarto.

— ¿Sabés una cosa?

— ¿Qué?

— Yo sabía que me estabas mirando. Él estiró la mano y apagó la luz. Ninguno de los dos dijo nada. Ella se había alejado de él y estaba en algún punto de esa oscuridad. Pasaron como cinco minutos. En eso se oyó la voz de ella decir:

— Estoy en bolas, Heredia.

 — Yo también —le dijo su padre—.

Entonces ella prendió la luz. Los dos estaban vestidos. Ella tomó sus cosas y antes de irse le dijo:

 — Hasta mañana papá.”

 “— El Hétor dice que Dios no existe.

— No existe cuando las cosas andan bien, pero cuando andan mal existe —contesta ella—.”

 “Era una mirada con algo de madre y algo de hija, un suave enojo, un brevísimo temporal en un vaso de Nesquik.”

“— No quiero —dice Claudia. Cuando te quiero mucho no te hago caso.”

“Los dos cuerpos yacen ahora vacíos y llenos de sí mismos. Parecen dos muñecos de trapo sonriendo sobre una cama. Cuando se despertaron al día siguiente todavía estaban abrazados.”

“Tenía un saquito de lana colorado sobre los hombros, los ojos irritados por la vigilia y el llanto y una actitud de desamparo, fingida y verdadera.”

“De la nariz bajaban hasta los costados de la boca dos surcos como un gran paréntesis encerrando un mal olor. Las pestañas estaban bajas, parecían mirar las mejillas desabridas que Gutiérrez, también miraba sin pensar en los besos o las caricias que la vida les había escatimado. Gutiérrez no pensaba en esas cosas, como tampoco pensaba en sus propios pensamientos, como si el pensamiento fuese una consecuencia de una información que el azar colocaba en la húmeda computadora de su cerebro y no una causa para futuras ignorancias. Gutiérrez ignoraba la ignorancia.”

“Sintió también la torpeza de una mano inexperta acariciándole la nuca.”

“— Pero, usted en política está.

— No… yo trabajo para el gobierno, en política no me meto… Hace veinte años que trabajo para el gobierno.”

“Pero lo cierto era que no lo escuchaban a él, que se había pasado la vida escuchando. Y que gracias a lo escuchado por él habían sido detenidos y eliminados centenares de enemigos del gobierno. Porque sólo se lo escuchaba cuando repetía cosas de otros, pero nunca las cosas de él, como si no tuviera voz propia, como si no existiera.

— Sí, entre ellos se escuchan pero a nosotros no nos escuchan. Él la miró intrigado. No le hacía mucha gracia estar en el mismo casillero que ella, pero la realidad era ésa y, además, ya se había enamorado, aunque todavía no lo sabía.”

 “Federico Fellini hubiera ofrecido un millón de dólares para que lo dejaran filmar ese cerebro. Porque una cámara hubiera registrado, por primera vez, cómo es la batalla decisiva entre la mediocridad y el idealismo.”

“Estoy metido con este país, carajo, estoy metido… es el metejón de mi vida. Tal vez a Perón le pasaba lo mismo, uno se enamora de su propio país como le pasa a esta gente. ¿Por qué están acá? ¿Por qué nos miran? Tiene que ver con la idea de patria, tiene que ver con la necesidad de mirarse en un espejo que refleje lo que son y lo que quieren ser, porque la idea de patria es eso, es compartir un vínculo de uno mismo, con nosotros mismos… Sí, eso es el patriotismo, es como el amor de las parejas.” (Alfonsín)

“Ser sano en un mundo enfermo, ¿no será la más atroz de las enfermedades?”

El Principito de Antoine de Saint-Exupéry en pdf

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Los pichiciegos (1983) de Rodolfo Fogwill en pdf

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La tregua (1960) de Mario Benedetti en pdf

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Cartas de mamá de Julio Cortázar en pdf

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